Rocío Márquez y Fahmi Alqhai : "Diálogos de viejos y nuevos sones"

lundi 26 novembre 2018 par Mario Herrero

"Diálogos de viejos y nuevos sones" : San Lorenzo del Escorial, Real Coliseo Carlos III, 24 de noviembre de 2018.

Rocío Márquez (voz) / Fahmi y Rami Alqhai (viola de gamba) / Agustín Diassera (percusión).

Anoche sábado 24 de noviembre acudí al Real Coliseo Carlos III (que me pilla al ladito de casa) a ver la presentación del nuevo trabajo de Rocío Márquez y Fahmi Alqhai, “Diálogo de Viejos y Nuevos Sones”, y la verdad es que mejor escenario no pudieron tener. El pequeño teatro de San Lorenzo de El Escorial, uno de los teatros cubiertos más antiguos conservados en España, con su estética dieciochesca y con ese carácter íntimo y elegante que le caracteriza, se ajustaba a la música de los ""Diálogos de viejos y nuevos sones" como un guante.

Y es que el espectáculo de Rocío y Fahmi es, ante, todo, elegante. Exquisito, pulcro e impecable. La voz (y las ideas, y por dónde lleva esa voz y los cantes que rescata) de Rocío Márquez siempre lo ha sido, y qué gran acierto juntarla con dos violistas de gamba, Fahmi y Rami Alqhai, y con la percusión rica en texturas cuidadas de Agustín Diassera, qué hermoso conjunto hacen los cuatro en el directo.

Es tentador mezclar el flamenco con música contemporánea, con las armonías modernas jazzeras y brasileñas y los conceptos de baile y de ritmo de otras músicas del mundo. Fusionar sumando, añadiendo lo que otros te ofrecen a lo que ya tienes hecho. Es efectivo y es necesario. Fusionar mirando hacia adelante.

Sin embargo, la propuesta de los "Diálogos de viejos y nuevos sones" es fusionar mirando hacia atrás. Y no estamos refiriéndonos a “recuperar la tradición”. No, no, hacia mucho más atrás. Hacia antes de que el flamenco fuese esta algarabía de influencia gitana, árabe y andaluza que conocemos actualmente. Más esencial que todo esto. Los Diálogos tienen parte de preflamenco, parte de música antigua y parte de música barroca. La viola de gamba, con Fahmi tocándola frotándola con el arco, al estilo de violoncello, y Rami haciendo de segunda voz pellizcando las cuerdas, colocada como un bajo, le da el timbre perfecto que nos lleva a la música de cámara, a los palacios de la música culta, al arreglo instrumentístico. La fusión en este punto es más “fusión”, porque no se trata de añadir, se trata de poner puntos en común. Es una integración. Es, más que nada, (ah, claro), un diálogo. ¿Que lo primero son unos “cantes de ida y vuelta” (los palos del flamenco influidos por la música latinoamericana) ? Pues se comienza antes incluso de la ida, con una danza española anterior al flamenco, y se concluye en la propia tierra de destino, con una zamba argentina, aquí es fundamental la percusión, la percusión evoca algo entre danza española y folclore latinoamericano, la viola de gamba arpegiada puede sonar a milonga argentina y frotada con el arco a virtuosismo barroco, y la voz suena a todo lo que es posible sonar. ¿Que hay que cantar una petenera ? Pues se le mete un 7/8, compás característico de la música de los judíos, pues la petenera tiene una estrecha relación con el cante de las sinagogas. Y la viola de gamba le responde como la guitarra flamenca o la otra lo secunda con acompañamientos y voces de música antigua.

Foto : Gogo Lobato

¿Que hay que meter a Monteverdi por bulerías ? Se mete a Monteverdi por bulerías. Y uno lo escucha y parece que su música ha sido hecha desde el principio para tocarla por bulerías. O no por bulerías como tal, pero sí para tener esa rítmica y esas hemiolias (compases iguales tocados con sentidos del ritmo diferentes, cosa que se hacía en el barroco y que hacen las bulerías, aunque de distinto modo). Todos estos diálogos entre géneros musicales son como diálogos de personas que no hubieras imaginado que tenían intención siquiera de conocerse, y que resulta que se ponen a hablar y encajan porque compartían muchas cosas, o no las compartían pero empiezan a compartirlas porque entienden perfectamente el uno las del otro, y deciden ponerlas todas sobre la mesa y descubren que tienen orígenes similares, conocidos en común, estilos de vida distintos pero que enriquecen con facilidad el uno al del otro. El concierto sonaba a Gaspar Sanz, a siguiriya acompañada de disonancias “rasgueadas” con arco, a Pepe Marchena, a violín sefardí, a danza de palacio y a Niña de los Peines, y no se sabía bien dónde comenzaba una cosa y dónde acababa la otra, porque formaban todas parte de lo mismo.

¿Y saben lo mejor de todo ? Que todo este trabajo de hermanación y rescate musical se hace desde el cariño. Que no es una obra de ingeniería ni una síntesis ni una fórmula. Es más bien la receta que se hace de un plato porque te apetece comértelo. Un plato de buen gusto. Un bocadito. Una perla. Una pincelaíta, como dijo la propia Rocío de una de las últimas canciones. Una búsqueda sensitiva. El conocimiento, la interpretación y la elaborada dirección musical de Fahmi Alqhai y el dominio absoluto e impresionante de la voz de Rocío Márquez al servicio de la música, y no en detrimento de ésta.

Foto : José Miguel Cerezo

Aquellos que dicen que Rocío Márquez “hace muchos gorgoritos” son como los que decían que Paco de Lucía “sólo hace pripriprí con los dedos”. La mayoría de las veces el cante de Rocío fue sobrio, delicado, bien colocado donde tenía que colocarlo, un elemento más al servicio de la obra en su conjunto. Pero cuando tenía que hacerlo subía y golpeaba e impactaba enormemente, como al final de la bambera de Santa Teresa, manteniendo el vibrato en un final demoledor. Mostró una velocidad de la voz privilegiada en el romance a Córdoba, a solas con la percusión, con el compás de doce tiempos, manejándose también con soltura en el ritmo, combinando el cante hablado con los diferentes registros de la voz, un prodigio del virtuosismo utilizado de nuevo en favor de la música, disfrutado, paladeado, saboreado.

Me quedo con eso de la pincelaíta. Es eso lo que son los "Diálogos de Viejos y Nuevos Sones". Una pincelaíta. Muchas pincelaítas. De exquisitez, de mimo, de amor por la música, de buen gusto. Para probar con calma. Para descubrir, para comprender. Para disfrutar. Un concierto en el que cerrar los ojos, escuchar y dejarse mecer por los ecos que han mecido tantas y tantas músicas diferentes durante tantos siglos, y que es tan bueno que sigan resonando en nuestra era.

Mario Herrero

Leer también : reseña del disco por Claude Worms (traducción : Jesús Iglesias del Castillo) - Diálogos de viejos y nuevos sones





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