XIII° Festival de Jerez (2009)

Lunes 2 de marzo de 2009 por Manuela Papino

Actualizamos diariamente este artículo con las últimas reseñas que nos manda nuestras corresponsales, Manuela Papino y Maguy Naïmi (véase al final).

Eva la Yerbabuena abre El Festival 2009 de Jerez

Teatro Villamarta - 27 de febrero

Baile: Eva Yerbabuena

Cuerpo de baile: Mercedes de Córdoba, Irene Lozano, Eduardo Guerrero, Fernando Jiménez.

Cante: Enrique el Extremeño, Pepe de Pura, Jeromo Segura.

Guitarra: Paco Jarana, Manuel de la Luz.

Percusión: Manuel José Muñoz "el Pajaro", Raúl Dominguez.

Voz en off: Isabel Lozano, Alejandro Peña.

El día 27 de Febrero, el Festival de Jerez de la Frontera inició su décimotercera edición con “Lluvia” de Eva Yerbabuena, un estreno que ella comenta así: “Quiero sumergirme en un profundo y silencioso viaje, donde el miedo no impida que cierre los ojos, huela los recuerdos hasta calarme de vida y amasar el placer que, ausente de emoción, pueda degustar en este presente en el que vivo.”

Una puerta grande ocupa el centro del escenario, rodada por una tela de ladrillos que dejan a veces adivinar a los músicos. La puerta se hace el símbolo de la frontera entre la realidad y el mundo de la imaginación. Es un decorado fino pero inmenso, que invade toda la puesta en escena, acercándonos al trabajo habitual de esas grandes compañías de Flamenco. Empieza el cuerpo de ballet, con unos registros que van, a lo largo del espectáculo, de la danza contemporánea, hasta el Ballet español, pasando por supuesto por el Flamenco. El cuerpo de ballet está compuesto por dos mujeres y dos hombres, que se adaptan perfectamente a todos los registros, siendo en sus momentos bailarines-actores, especialmente en unos Tanguillos en los cuales no faltan ni la gracia ni el mensaje. Fiel a sus temas favoritos, la soledad, el desamor y la melancolía, la Yerbabuena abre un baúl de donde sale un hombre con el torso desnudo. Le acompaña detrás de un biombo, para cambiarse de ropa... El cuerpo de Ballet inicia entonces una danza de seducción al compás de los Tanguillos, evocando en su universo de fantasía un juego de amantes, delicadamente acompañado a la guitarra por Paco Jarana, el propio marido de Eva...

Durante toda la primera parte, el cuerpo de Ballet, con una estética contemporánea, acompaña en silencio al cante, invitando al público de Flamenco - poco acostumbrado a esa estética contemporánea - a entrar en los sueños. Aparecen unos intentos de trabajo con el suelo, que se quedan, por desgracia, a medio camino. Aquí se puede percibir la admiración que tiene la bailaora por el trabajo de Pina Bausch, que influencia claramente su propia búsqueda, sin llegar sin embargo a un cambio de estilo. El trabajo de la coreógrafa alemana se encuentra en el trato del universo onírico, que la Yerbabuena restituye con su decorado imponente y una multitud de objetos, máquina de cocer, sillas..., muchos cambios de vestuario, una utilización al principio y al final de figurantes. Parece adivinarse también esa influencia en el dúo muy conseguido, con melodía de Milonga, colocando por medio a una mesa, momento muy sugestivo y claro en cuanto a su mensaje: soledad en la pareja y separación dentro de la relación. Parece que la Yerbabuena intenta buscar el estado del soñador despierto. La relación entre el escenario y el público se busca a través de miles de solicitaciones y de detalles. Sin embargo no se llega a la fuerza radical de las emociones que molestan y mueven las tripas de cada uno. Se queda como un espectáculo bonito, una película una vez más perfectamente realizada, acompañada por una música magnífica. La tan esperada Soleá de la Yerbabuena llega como último baile, con bata de cola, negro sobre negro, con un cante de Enrique el Extremeño profundo y magnífico.

En este día tan especial, Eva tenía como artista invitado a Miguel Poveda, acostumbrado a ese tipo de invitación. Cerraron la actuación con un dúo que entusiasmó al público, a pesar de no tener mucho que ver con el espectáculo, como un toque de “fama” que parece gustar al público flamenco. Porque no...

A pesar de ser un poco denso, el espectáculo es bonito, Eva baila una Murciana y Taranto maravillosos, el cuerpo de baile responde a su búsqueda y la música hace soñar. Nos podemos alegrar que estas figuras del baile Flamenco tengan una inquietud por abrir otros caminos e integrar poco a poco nuevas formas, arriesgándose en un Festival como él de Jerez, en proponer al público nuevos horizontes.

Manuela Papino


El protagonismo se lo llevó el compás de Tomasito

Teatro Villamarta - 28 de febrero

Guitarra: Juan Diego.

Baile: Ángel Muñoz, Adela Campallo.

Artista invitado: Tomasito.

Cante: Eva Durán, El Londro.

Guitarra acústica: Jorge Gómez.

Trompeta: Enrique Rodríguez.

Percusión: Juan Peña ‘El Chispa’.

Palmas, coros: Macano, Manuel Soto ‘Bo’.

Coreografía: Ángel Muñoz, Adela Campallo.

Música: Juan Diego, Antonio Soteldo ‘Musiquita’.

“Existe el toque para baile. Pero ¿existe el baile para toque?” Así se planteaba el espectáculo “Inspiración" de Juan Diego, con Adela Campallo y Ángel Muñoz. La pregunta iba a sonar a excusa. “Aquí no manda nadie, aquí manda la música” declaró el guitarrista jerezano Juan Diego. Así fue, no mandó nadie, y lo deploramos. Si la música fue bonita, con un toque de jazz por la presencia del trompetista Enrique Rodríguez, el espectáculo carecía de limpieza y de composición. Al final de cada intervención, el público se encontraba en la oscuridad, lo que provocó rápidamente una impresión pesada y parcelada, que no ayudó a olvidar la falta de fluidez y de nitidez del espectáculo. El baile, si no fuese por la delicadeza flamenca que llevaba Adela Campallo, no propuso nada a la altura de un Festival como Jerez. El bailaor Ángel Muñoz, apenas llegado al escenario, perdió el equilibrio y no supo en ningún momento encontrar su eje. Hubo mucho baile, y solamente se puede recordar la Soleá que bailó Adela Campallo, sin que tampoco se convirtiera, algún día, en un recuerdo.

Fue la “aparición” dinámica, graciosa y a compás de Tomasito, la que vino como un gran alivio, al final del espectáculo. Se llevó el entusiasmo del público dormido, haciéndolo participar. Llenó el espacio con su carisma de humorista, haciendo de la actuación, por fin, algo entretenido.

La guitarra dio, sin embargo, unos momentos bonitos, con el toque de Juan Diego, que el flamencólogo José Manuel Gamboa califica de una de “las guitarras más personales y remozadas que suenan a la ilustre tierra del soniquete y el Paula (…) un toque mesurado y elegante, inteligente y diferente.” Se destacaron especialmente- como para hacernos recordar lo que hubiera podido ser esa noche - las letras por Milonga que cantaron el Londro y Eva Durán.

Fue una sorpresa tener, el segundo día del Villamarta, a un espectáculo tan confuso y aburrido, que despistó al espectador, alejando por desgracia del gusto de escuchar a la música de Juan Diego.

Manuela Papino


Celia Morales / Rocío Márquez

Palacio de Villavicencio – 3 de marzo

1ra parte :

Guitarra : Celia Morales

2da parte :

Cante : Rocío Márquez

Guitarra : Guillermo Guillén

Percusión : Jorge Pérez

Palmas : Marcos Jiménez, Juan Aguirre

Lo primero que me gustaría decir del Festival de Jerez, es que da una imagen muy positiva del flamenco, y no sólo al nivel de la calidad de los espectáculos sino también al nivel de la organización.

Lo que llama la atención es que todo se encuentra dentro de un perímetro reducido de la ciudad, lo que favorece el ambiente de convivencia y de bullicio alegre palpable sobre todo en las inmediaciones del Teatro Villamarta.

La guía editada por el Festival no sólo da a conocer las fechas y lugares de los espectáculos, sino que cuenta también con un mapa del Festival, lo cual, para la gente como yo, permite no errar por las calles como alma en pena intentando localizar los diferentes escenarios.

Una iniciativa que a mí me ha parecido de interés, fue la de organizar un ciclo de conciertos « íntimos » en el Palacio de Villavicencio, dentro del magnífico marco de los Reales Alcázares, a las 19 horas. En uno de los salones del Palacio se había montado un pequeño escenario para que pudieran expresarse unas jóvenes artistas – mujeres todas, unas tocando las guitarra, y otras, cantando.

He tenido la suerte de presenciar las actuaciones de la tocaora Celia Morales, y de la cantaora Rocío Márquez, el martes 3 de marzo y la de Antonia Jiménez y Tamara Tañé el día 4 (véase un próximo artículo).

El flamenco, como lo pueden ser de cierta manera, el blues y el jazz, es una de las músicas en la que se suele rendir homenaje a las generaciones anteriores, y no sólo indicando, como lo ha hecho Celia Morales, « voy a tocar una Rondeña en homenaje a Ramón Montoya », o señalando que su segundo toque por Soleá, se inspiraba del cante del Mellizo, sino también, actuando con gente de otra generación como lo hizo Tamara Tañé el día siguiente, compartiendo escenario con Niño Jero.

Celia Morales, tocó además unas Alegrías en Mi, bien estructuradas y airosas, sin excederse en la velocidad, un Zapateado en el que se valió de todas las técnicas (picado, arpegios, pulgar…), unos Fandangos de Huelva en Homenaje a Niño Ricardo y unas Bulerías su « última obra compuesta ».

Celia produjo una música densa, intensa, con pocos momentos de descanso (pocos compases de espera en rasgueados) pero le costó vencer el nerviosismo que suele producir la actuación en solo. La juventud, lo nervios le impidieron expresarse con soltura, pero fue un buen momento musical para el público de aquella tarde del martes 3 de marzo.

Le sucedió en el escenario la joven cantaora Rocío Márquez (« Lámpara minera 2008 ») acompañada por Guillermo Guillén a la guitarra, Jorge Pérez a la percusión, y por las palmas de Marcos Jiménez y Juan Aguirre.

El toque fino y elegante de Guillermo Guillén, a modo de introducción, « dio la nota ». Nada de chillidos ni de « grito primitivo » del cante, aquí lo que imperó fue la voz templada, suave, con entonación perfecta en los graves, apoyadas debidamente en los agudos, perfectamente modulada, tan sumamente grata al oído que pudimos disfrutar no sólo de las melodías sino de las letras. Se oía murmurar en el público, « qué bonito » (aludiendo a la voz y a la letra cantada), y es que Rocío Márquez tuvo buen gusto a la hora de elegir. Empezó con una Malagueña de Chacón y un cante abandolao de Juan Breva, seguidos de los Fandangos de Granada de Frasquito Yerbabuena y de unas Bulerías de Vallejo en las que Rocío hizo alternar los momentos susurrados con los cantados con voz más potente, controlando muy bien la respiración, sin interrupciones indeseadas. Siguieron las Soleares, bien puntuadas por los silencios, los Tangos (extremeños, del Sacromonte y de La Repompa) y las Alegrías de Córdoba y Cantiñas.

Rocío tuvo buen gusto también a la hora de elegir a los artistas que la acompañaron. Fue, desde luego, una gran satisfacción, ver unidos en el escenario, juventud y talento. Será porque no había sonorización, y el salón del Palacio era un lugar íntimo, pero, por una vez se podía escuchar a gusto todo los matices de la voz y del toque.

Maguy Naïmi

Rocío Márquez: foto M. Avilés


Compañía María Pagés : « Autorretrato »

Teatro Villamarta – 3 de marzo

Baile : María Pagés, María Morales, Sonia Fernández, Isabel Rodríguez, Anabel Veloso, José Antonio Jurado, Emilio Herrera, José Barrios, Alberto Ruiz.

Cante : Ana Ramón, Israel de La Rosa.

Guitarra : José Carrillo « Fity », Isaac Muñoz.

Violín : David Moñiz

Versos de José Saramago, Antonio Machado, Miguel Hernández, Federico García Lorca.

El día 3 de marzo, a las nueve, en el Teatro Villamarta actuó la gran bailaora María Pagés con su compañía. Su espectáculo « Autorretrato » fue un momento inolvidable puesto que en él se dieron cita la gracia y la poesía. Poesía de los espejos colocados en el escenario que multiplican las figuras. La iluminación hace destacar como lo hacían los antiguos pintores de clarioscuro, algunas partes del cuerpo, acentuando la sinuosidad de unos brazos que nos parecen interminables, la ondulación de un cuerpo alto y fuerte… Se suceden los palos : Bulerías, Farruca…, el diálogo entre el baile y los instrumentos (guitarra, violín, voz) es constante.

Pero lo que me encantó, fue esa alternancia entre unos momentos de pura poesía, y otros, más humorísticos : María Pagés corriendo detrás de un espejo que cruza el escenario, saliéndose de él, alcanzando de nuevo el espejo recuperando así su propio reflejo. María mirando sorprendida el espejo, intentando ver quien se halla escondido, puesto que detrás de él, otro taconeo ha contestado al suyo.

Otra escena digna de interés, es la de los marcos antiguos que bajan al escenario. Dentro de esos marcos se van formando varios retratos : retratos de familias, de parejas posando. Se hacen y se deshacen y al final María se queda sola dentro del marco central.

María Pagés sabe muy bien hacerse discreta. Su taconeo se vuelve ligero cuando diáloga con el violín y la guitarra, e incluso puede llegar a bailar sin música. Su coreografía muda hace destacar los versos de un poema de Saramago en portugués.
A la poesía de la música de la Toná (« En el barrio de Triana… ») contesta la poesía dicha en voz « off » (« Olvidemos las palabras / dejemos que el silencio… ») y en efecto, María Pagés termina sola bailando en silencio.

Poesía y música reunidas en la « Nana de la cebolla » de Miguel Hernández. Violín, guitarra y voz acompañando el baile : la ligereza del taconeo, la fluidez del vestido hacen destacar los versos de este poema, uno de los más conmovedores de la poesía española.

Pero enseguida vuelve el humor. Se forman coros, las chicas salen al escenario con kimonos que parecen del Japón, los chicos bailan con los bastones, se contestan en un zapateado por Bulería, vuelven los espejos pero María irrumpe con unas castañuelas en plan « España de pandereta » que nos mueve a risa, y sigue con unos Tanguillos graciosísimos en los que evoca su vida de artista con sus compañeros de la compañía, Tanguillos que ella nos dice (no los canta) con salero.

Luego se bailarán Tientos y Tangos, una Tarara « rumbera », Alegrías y Bulerías de Cádiz.

En resumidas cuentas, un espectáculo conmovedor, poético y divertido, que ha levantado al público del Teatro Villamarta de Jerez.

Maguy Naïmi


Antonia Jiménez / Tamara Tañé

Palacio de Villavicencio – 4 de marzo.

1ra parte :

Guitarra : Antonia Jiménez

Percusión : Jesús Mañero

2da parte :

Cante : Tamara Tañé

Guitarra : Pedro Carrasco « Niño Jero »

Palmas : Samuel Tañé, Alberto Jiménez, Israel de Juanillero

Cuando me entrevisté con Antonia Jiménez el 18 de octubre del 2008 en Sceaux, una ciudad en las inmediaciones de París, donde había estado actuando con la compañía « En sus trece », ella nos confío a Claude Worms y a mí que lo suyo era el acompañamiento, y lo que le gustaba más , era acompañar al baile y que, hasta la fecha, no había tocado en solo (véase la entrevista a Antonia Jiménez en esta misma sección). Por eso, cuando vi que figuraba en el programa de los conciertos de Palacio, como guitarrista solista, me alegré mucho y esperé con cierta impaciencia que llegara el momento de oírla.

Se la veía muy emocionada, se presentó al público con un hilo de voz, y empezó a tocar unas Malagueñas. Los nervios le impidieron tocarla como lo hubiera querido, pero, a partir del segundo toque, al aparecer su « alter ego » Jesús Mañero, a la percusión, Antonia Jimenéz se relajó, y todo le salió bordado.

Más que una mera yuxtaposición de dos instrumentos y de dos toques, se trataba de un verdadero dúo. La complicidad entre la guitarra de Antonia y los diferentes instrumentos de Jesús (cajón, caja de batería, plato y una calabaza de agua) era evidente. Fue un verdadero diálogo, un constante vaivén, cada uno inspirándose del otro y apoyandose en él.

Antonia tocó para cada palo una hermosa introducción, que era una suerte de firma personal, y que contribuía a crear un clima, a entablar conversación con el percusionista y con el público. Sus Alegrías nos recordaron el mar de su tierra natal, con su balance, y nos encantó su bonito final en el cual la música se apaga progresivamente, y se aleja como un barco en el horizonte. En la Farruca, el dúo con la percusión se hace más patente. Se sugiere el ritmo, las pausas entre las diferentes partes hacen respirar la música. Antonia tocó también unos « Tangos con aires de Guajira », un toque basado en unas melodías muy graciosas. Tocó unas Bulerías suaves y elegantes, y su dominio del compás le permitió tocarlas con soltura, acentuando de manera pertinente, haciendo destacar tal o cual frase musical.

El público vitoreó a los dos músicos, y se lo merecían.

La segunda parte del concierto corría a cargo de Tamara Tañé, quien se subió al escenario rodeada de Pedro Carrasco « Niño Jero » a la guitarra, y de Samuel Tañé, Alberto Jiménez e Israel del Juanillero, a las palmas. Tamara derrocha alegría y energía cuando canta. Su vitalidad y su buen humor se comunican a sus acompañantes y calan en el público.

Tamara Tañé cantó unas Alegrías con aires de La Perla de Cádiz, dinámicas y alegres, luego siguieron unas Malagueñas que esa joven cantaora interpretó con mucho sentimiento, y en las que demostro un gran dominio del cante, unas Soleares por Bulería y un fin de fiesta por Bulerías respaldada por un Niño Jero « en su salsa », tan a gusto, compartiendo escenario con ellos, que levantó al público.

Maguy Naïmi


Javier Barón : « Dos voces para un baile »

Villamarta – 4 de marzo

Baile : Javier Barón, Juan Diego, Antonio Molina « El Chorro ».

Cante : Miguel Ortega, José Valencia.

Guitarra : Javier Patino, Ricardo Rivera.

En el teatro Villamarta, el 4 de marzo, Javier Barón presentaba su espectáculo « Dos voces para un baile ». Si, al igual que María Pagés, el artista quería contar al público sus vivencias, darle a conocer todo lo que contó para él, lo que le permitió ser el gran bailaor que es en la actualidad, la realización escénica del espectáculo era completamente diferente.

Ningún decorado. Fondo oscuro. Sólo una luz, que nos parece difusa, iluminará a los protagonistas. Unas sillas. Todo se concentra en el baile, el cante, el toque. La atención del público es máxima dada la cantidad de palos impresionante (veintiocho) interpretados en el escenario.

Las voces de Miguel Ortegay José Valencia, sonoras, potentes, asociadas a las guitarras de Javier Patino y Ricardo Rivera acompañarán constantemente el baile de Javier (ganador del « Premio de Danza » 2008) y de los bailaores Juan Diego y Antonio Molina « El Chorro ».

Presentaron al público una verdadera antología de palos : Serrana, Fandangos, Bulerías, Verdiales, Alegrías, Soleá por Bulería, Farruca, Tangos de Málaga, Soleares, Mirabrás…etc. No los he contado todos, pero fue una verdadera demostración de sabiduría tanto por parte de los cantaores y tocaores como por parte de los bailaores.

Tanta densidad sonora y visual nos dejó atónitos. Vaivén constante de los artistas : voz sola o acompañada, guitarra sola o acompañante, un bailaor (Javier) o varios. No hay ninguna interrupción, todo está encadenado. Los bailaores a veces hacen de palmeros, los grupos se hacen y se deshacen, pero con una constante : la sobriedad.

Javier Barón es un « Maestro es taconeo », sabe variarlo, sordo al principio, más sonoro y seco, a lo largo del espectáculo, en la Farruca taconea en los arpegios de la guitarra.

Un gran momento de baile en el marco del Teatro Villamarta de Jerez.

Maguy Naïmi


¡Grande Rocío Molina, grande!

Teatro Villamarta - 7 de marzo

Baile: Rocío Molina, Laura Rozalén, Moisés Navarro, David Coria.

Cante: Rosario Guerrero "La Tremendita".

Guitarra: Paco Cruz, Rafael Rodríguez "Cabeza".

Percusión: Sergio Martínez.

Palmas: Bobote, Electrico.

Coreografía: Rocío Molina

Guión: Rocío Molina, David Picazo.

El día 7 de marzo se quedará como una de las noches más grandes del Festival de Jerez en el Villamarta. Con "Oro viejo", que se estrenó el mes pasado en la Bienal de Sevilla, se presentó de nuevo Rocío Molina delante del público andaluz.

“Si corres tras el tiempo, el tiempo corre aún más deprisa.

¿Quieres detenerlo?

Te deja sin aliento y te envejece más.

Hay que cogerlo en fraganti, en el presente,

Pero el presente está aún por construir.

Hemos nacido para no envejecer nunca, para no morir jamás.

No tenemos más que la conciencia de haver llegado

Demasiado pronto

Y un cierto desprecio del futuro que ya nos asegura una

Bonita tajada de vida.”

Con una imagen profunda, voluminosa y delicada a la vez, se abre "Oro viejo", Rocío Molina bailando “Vértigo”, de pie encima de una silla mezclada con la oscuridad. Le sucede un paso doble, bailado por el trío señalado: Moisés Navarro, David Coria y Rocío Molina.

"Oro viejo", basado sobre los recuerdos de su infancia, difunde el cariño conmovedor y el sabor de las cositas antiguas que Rocío regala con su mirada íntima y graciosa. Nos da el gusto de volver a escuchar una grabación de “La falsa moneda” de Imperio Argentina, que precede a la indescriptible Guajira que se impone como el colmo del espectáculo. Acompañada a la guitarra por Rafael Rodríguez “Cabeza”, Rocío Molina con su abanico, dibuja las monadas, la seducción y la gracia, con su hechura tan peculiarmente flamenca. Los taconeos se hacen discretos y la Guajira se llena de pellizcos y detalles que la hacen divina. El baile se construye en diferentes niveles de discursos, como pequeños comentarios sutiles, llenos de guiños.

La bailaora vuelve después de un cante de La Tremendita por Milonga, con unos Tanguillos muy originales, seguidos por un momento delicioso en el cual el baile ilustra a la canción grabada, “Donde va María”, interpretada por Mary Santpere.

Los recuerdos se suceden, desde una versión de violín de Manuel Alejandro para la orquesta sinfónica de RTVE, hacía unas letras de Tonás de la Piriñaca, Niño Almadén y Mazaco.

El espectáculo se acaba con una Malagueña con bata de cola y sin zapatos, y un Polo que divide el escenario en dos, Laura Rozalén bailando el cante de La Tremendita con el estilo de la escuela sevillana, y Rocío Molina contestando, vestida de hombre, en un baile homenajeando al bailaor Antonio, con posturas y remates que nos dejan sin voz. El “Vértigo” inicial se concluye en “Tortura”, Rocío despidiéndose con su último baile, delante de un video en la cual la podemos ver con su abuela.

Fue una gran noche del XIII° Festival de Jerez, y el público, de pie, le hizo una ovación interminable. Se llevó el reconocimiento tanto del público como de los profesionales presentes.

Manuela Papino


José Luis Rodríguez

Guitarra: José Luis Rodríguez

2ª guitarra: Antonio Detelli

Percusión: Antonio Montiel

Cante: Juan José Amador y Mercedes Cortés

Técnicos de sonido: Rafael Sánchez y Juan Bermúdez

Técnico de luces: Ada Bonadei

Dirección artística: José Luis Rodríguez

El Festival de Jerez tiene un recorrido bonito en toda la ciudad, llevando a los aficionados a unos sitios históricos clave. El día 7 de marzo, a las 24h de la noche, la Bodega de Los Apóstoles, huésped de la guitarra flamenca, proponía otro momento inolvidable de esa XIII edición: el concierto del guitarrista onubense José Luis Rodríguez.

Al entrar, la amplitud del espacio, bordado de barricas y relleno de columnas, cautiva el espectador en un ambiente íntimo, que se hace todavía más acogedor por la copita de Fino que se ofrece antes del espectáculo. “De mis manos”, es el título de ese concierto maduro, curiosamente sutil, y, se podría decir “espiritual”, por la forma en que la música lleva al espectador a entrar en sí. Los títulos de algunos temas, confirman ese camino, como la Soleá por Bulería “La Morada de los dioses”, el Taranto “Decepción”, o la Alegría “Liberación”. Su fama de tener una mano derecha como ninguno, se ilustra en este repertorio, y su gran experiencia de acompañamiento al baile le da un compás perfecto y peculiar, que hace de José Luis Rodríguez, solista, un músico y compositor de excepción.

Otros temas más románticos habitan también el concierto, como la Guajira “La niña de mis ojos”, con unas escalas que dejan huellas en las memorias, o la Rondeña “Todo lo ocupas tú”, que pasa por la fuerza y la sutileza de una notas que parecen irreales. Lo más inolvidable de todos los temas es, sin duda, un homenaje al Niño Miguel, “Miedo a morir”, donde la técnica impresionante de José Luis Rodríguez y sus trémolos perfectos, hacen salir una emoción rabiosa y extremadamente tierna a la vez, ilustrando sus pocas palabras de presentación que explicaron lo mucho que significa para él, la ausencia del toque del Niño Miguel.

El cante, con la presencia de Juan José Amador y Mercedes Cortés tiene una importancia muy grande, aunque discreta, subrayando de vez en cuando la música, arropando la guitarra, como lo hacen también la percusión y la segunda guitarra, rítmicamente y armónicamente.

José Luis Rodríguez demostró que, como solista, ha llegado la hora de poner su arte de compositor al servicio de su propio discurso musical, ocupando el sitio que le pertenece como gran guitarrista flamenco. Su toque es de los más personales de la guitarra de hoy, y sus composiciones, un fruto maduro sabroso que no se puede perder.

Manuela Papino


Homenaje doble a Mario Maya

Teatro Villamarta - 14 de marzo

Bailaoras: Belén Maya, Isabel Bayón, Rafaela Carrasco, (Manuela Reyes), Patricia Guerrero, Miriam Sánchez

Bailaores: Ángel Atienza, Manuel Betanzos, Manuel Liñan, Marco Vargas, Juan Manuel Zurano, Diego Llori, Juan Andrés Maya

Guitarristas: José Luis Rodríguez, Juan Requena, Jesús Torres

Cantaores: Jesús Corbacho, Antonio Campos, Manuel De Paula, Alfredo Tejada

El 14 de marzo, para la clausura del Festival de Jerez 2009, se repitió en el Teatro Villamarta, el espectáculo que se estrenó en Sevilla, en el Lope de Vega el 11 de marzo 2009, día de la Gala de la entrega de los premios de los Giraldillos de la XV Bienal de Flamenco de Sevilla. El espectáculo rinde un homenaje al artista Mario Maya, fallecido el mes de septiembre pasado.

Belén Maya, su hija, la familia y los más directos colaboradores del maestro, animados por numerosos apoyos de personalidades del mundo artístico, académico e institucional, se plantearon la necesidad de llevar a la práctica los últimos proyectos en los que trabajaba,para poder seguir transmitiendo su vida y su obra. Junto con el proyecto de constitución de la “Fundación Mario Maya”, para preservar el legado, fomentar su peculiar visión sobre la comunidad gitana y seguir con su preocupación por dignificar el flamenco, se inició al mismo tiempo ese Homenaje, que corría a cargo de su hija Belen, y que se estrenó finalmente en Sevilla y en Jerez.

La propuesta de Belén Maya fue reunir a diversos artistas que se formaron con Mario Maya, y, con ellos, restituir tres facetas artísticas del maestro: su capacidad a coreografiar para cuerpos de Ballet, su creatividad como compositor musical, y la más conocida, la de coreógrafo y creador de un estilo peculiar en el baile de hombre.

Solamente al conocer los nombres de los que subieron al escenario para este Homenaje, se alumbraron la curiosidad y la emoción. Descubrir en el cuerpo de ballet a Belén Maya, Isabel Bayón, la joven Patricia Guerrero, Rafaela Carrasco que por desgracia no pudo estar en Jerez (y se notó su ausencia), y Miriam Sánchez, y por otro lado, a Manuel Liñan, Angel Atienza, Manuel Betanzos, Marco Vargas y Juan Manuel Zurano, fue en sí, una gran curiosidad.

“Oliva y naranja”, extracto de "Réquiem para el fin del milenio" (1994), la primera creación de Mario Maya como director de la Compañía Andaluza de Danza, abrió el espectáculo con el cuerpo de Ballet y precedió el solo de Belén Maya por Siguiriyas que fue, en Sevilla, espléndido, y en Jerez grandioso. Empezando por una falseta jonda del guitarrista José Luis Rodríguez, y un cante potente y dolorido de Antonio Campos, el baile de Belén cautivó con emoción y fuerza, mezclada con su sensualidad y su delicadeza legendaria. No le faltó nada, ni la serie de vueltas quebradas impresionantes dentro de la escobilla, ni los pellizcos inimitables que le conocemos, ni la musicalidad tan especial de sus pies. Belén bailó a gusto, una Siguiriya larga, desarrollada, emocionante, profunda y discursiva. Digna, con su vestido negro, Belén, en todo su esplendor, acabó con la mano dirigida al cielo, antes de clavarla hacia el tablao del escenario.

Se sucedieron sencillamente y con una perfecta coordinación todos los cuadros: “5 Toreros” y “3 sillas” extracto de "Flamenco libre", con el cuerpo de Ballet masculino, se entrecortaron con los solos, el de Isabel Bayón, el de Manuel Liñan, y los ´”Cantes de Trilla y Martinete” de "Camelamos naquerar" (1976), escena tan famosa, bailada por Manuel Betanzos. Acabó con la gran escena del dúo entre Juan Andrés Maya y Diego Llori del "Diálogo del Amargo" (2005). “25 de Julio”… Juan Andrés Maya interpretó con maestría el “Romance del Amargo”, en silencio, con la fuerza de los taconeos de “los de Granada” y la majestad de la hechura “de los antiguos”, antes de compartir el escenario con Diego Llori, en el papel del Jinete-Caballo, que fue relevante, al igual que en su creación original. Fue un gran dúo que se acabó en el escenario con el resto del elenco, bailando juntos el gracioso tema “1, 2,3…fá” (2004) de Mario.

El Homenaje a Mario Maya, no tuvo la tristeza de un Réquiem, sino que se convirtió en una oda digna y sencilla a la vida.

Mario Maya Fajardo (1937, Córdoba - 2008, Sevilla) también fue acompañante de Manolo Caracol y bailó con Pilar López, y además de ser un coreógrafo revolucionario y un compositor notable, fue una de las principales figuras del baile de su época.

Manuela Papino





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