Bienal de Flamenco de Sevilla 2008

Viernes 12 de septiembre de 2008 por Manuela Papino

Actualizamos diariamente este artículo con las últimas reseñas que nos manda nuestra corresponsal, Manuela Papino (véase al final).

¡”TU OÍDO ES MÁS VIEJO QUE TU ABUELO”

MANOLO SANLÚCAR

El 10 de Septiembre, se inauguró la Bienal de Flamenco de Sevilla con un homenaje a Manolo Sanlúcar, bajo la dirección artística de Isidro Muñoz. Con la Orquesta de Andalucía, y a pesar de un cartel contando con artistas famosos, la curiosidad radicaba en la presencia en el escenario, durante todo el espectáculo del coro del "Misterio de las voces búlgaras", voces de mujeres y colores vivos de sus vestidos.

Manolo Sanlúcar, a quien este año está dedicada la Bienal, fue, como todos lo esperábamos, el gran protagonista de la noche, con mucha discreción y humildad sin embargo. Con la participación especial al baile de Cristina Hoyos, Juan de Juan e Israel Galván, al cante de Arcángel, José Valencia, Luis El Zambo y Fernando de la Morena, la guitarra fue, sin duda, la gran estrella, honrada por David Carmona, Miguel Ángel Cortés, Dani Mendez y por supuesto el Maestro. Recordando sus grandes momentos, Manolo Sanlúcar, con una gran nostalgia impactante, regresó a "Tauromagía" (1987) con “Oración” y “Tercio de varas” y a "Medea" (1984), con “Seducción” y “Conjuro”. Los músicos flamencos presentes en el escenario supieron disfrutar de la presencia del Maestro, y crear un conjunto digno de esta gran noche de apertura, acompañándole en unos palos de los más tradicionales, como lo son la Bulería de Jerez, la Soleá o las Alegrías....

La Plaza San Francisco estaba llena por supuesto, y los que no tenían invitaciones…tuvieron que aguantar la muchedumbre, olvidando el agobio mirando la fachada del Ayuntamiento de Sevilla, convertido en un maravilloso decorado para un espectáculo muy dedicado a la belleza músical.

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla


FARRUQUITO SOLITO EN SEVILLA: FUERA Y DENTRO DE LA BIENAL…

La Bienal de Flamenco de Sevilla, le ha abierto su programación, a pesar de estar cerrada. Con una organización que no tenía que ver con la Bienal, fue en el Auditorio Rocío Jurado de la Cartuja, donde Farruquito volvió a encontrarse con su público sevillano.

Cambio radical. “Un reto de artista conmigo mismo” declaró Farruquito. Un piano, tres guitarras, dos percusionistas, un violín, tres cantaoras, cuatro cantaores…tres pantallas gigantes…y Manuel Molina que arrancó muchos aplausos. “Me apetecía probar con esta forma de trabajar” dijo, “Todo es de mi autoría”. “Puro” así se llama el espectáculo. Bailó unos Tangos, Alegría, Soleá y una Siguiriya... Ya no es el niño que conocíamos, se ha vuelto un hombre, con fuerza, seguro de si mismo y con ganas. Reivindica hacerlo todo,él solo…

El espectáculo, desde el principio hasta el final, se acompañó de vídeos… Empezando por unas fotos de Farruquito niño, mezcladas con imágenes negras muy abstractas, el recuerdo se perdió rápidamente en un montaje lleno de estereotipos: fuegos de la fragua, (como las llamas del infierno), el mar y sus conchas, sombras de árboles delante de una puesta del sol, velas mortuorias… En una entrevista declara “he tomado cosas de Mickaël Jackson y Bruce Lee, en cambio nunca he recibido clase, nada más que de mi abuelo, y me sigo considerando puro” (…) Que nadie se asuste, sus nuevas referencias no se notan en su baile. Y se explica: “La palabra “puro”, o pureza, tiene mucho significado, como originalidad o autenticidad.” Así se anuncia el principio de su nuevo camino.

“Puro” me resultó como un bombón envuelto en un papel brillante: hace falta quitarlo para saborear lo que esconde. Sin embargo, fue un placer ver bailar a ese gran bailaor, especialmente en la Soleá, y el fin de fiesta que dedicó a sus “dos estrellas en el cielo” su padre y su abuelo, acompañado por “sus dos estrellas de la tierra” sus dos hermanos pequeños. Momento fuerte y conmovedor, su público se puso de pie enseguida. Aunque el auditorio no se llenó, los que vinieron se quedaron satisfechos. Sin duda, Farruquito pudo irse feliz de su reencuentro con Sevilla.

Manuela Papino para flamencoweb.fr

Foto: Luis Castilla


TRES MUJERES, TRES SENSUALIDADES, TRES PERSONALIDADES:

Merche Esmeralda, Belén Maya y Rocío Molina

La Maestranza llenó el teatro el 13 de Septiembre, aunque como lo declaró Domingo González, el Director de la Bienal, “Mujeres” tuvo éxito en el mundo entero, así que, una parte del público lo vio por segunda vez.

El espectáculo de Merche Esmeralda que se presentó por primera vez en 1997, y que contaba con jóvenes bailaoras “con futuro”, como Sara Baras, Angelita Vargas o Eva La Yerbabuena… se revisó bajo la dirección de Mario Maya, pensándolo para Merche, Belén y Rocío.

El nuevo “cuento” empieza con “Adán”, las palabras de Lorca iluminando el escenario con mucha intimidad, para presentar sucesivamente a Belén Maya con su abanico, Merche Esmeralda y su mantón, y Rocío Molina pertrechada de castañuelas. El tono sensual, intimista y delicado, se desarrollará sin desafinar hasta el final. “Mujeres es sencillo” dice Merche Esmeralda, “agradable, corto y redondo”; y así es. Regala sin embargo el arte de tres grandes mujeres, que hacen que no sea un espectáculo cualquiera.

Al principio, Belén Maya baila unos Tangos de Granada, con una sonrisa y una alegría que acompañan la musicalidad tan sensible de sus pies, y la estética tan peculiar, que hizo de ella hace mucho tiempo ya, una maestra de un nuevo concepto de flamenco que une “cuerpo, mente y espíritu”, como lo reconoce su padre. (Quizás se pierda un poco la línea del cuerpo por el vestido de lunares de colores…). En fin, Belén se entrega en un baile lúdico y con unas actitudes que la identifican tanto, se despide de los Tangos, llevando las manos al cielo para desperdigar y compartir cuerpo, mente y espíritu.

Una media Granaína, una Bulería por Soleá, un Fandango abandolao y un Romance, proponen encuentros de dos: se mezclan las generaciones y los estilos con espontaneidad y evidencia, con Merche y Rocío, y se encuentran las afinidades en un dúo contemporáneo Belén / Rocío, hasta que el cante de Jesús Corbacho (con sus 21 años y sus numerosas participaciones en esta Bienal) y de Antonio Campos, haga olvidar el baile, el tiempo de un Martinete. Mujer también en el cante, con Tamara Tañé, cuya voz se mezcla perfectamente con la dulzura y la seguridad de las presencias femeninas. El toque de José Luis Rodríguez, sensible y refinado, el de Paco Cruz y Manuel Cazas y la percusión de Sergio Martínez, se unen a un conjunto de artistas, con una fuerza discreta que llega al alma.

Acompañan a Merche Esmeralda, jaleándola “Señora”, en una Soleá con mantón y bata de cola, en la cual homenajea a la escuela sevillana. En pocos movimientos se dice muchas cosas, la expresión y el sentimiento en primer plano, Merche vestida de blanco, llena el escenario. Ella es una de las que representan una transición entre el baile de ayer y el de hoy, y que hace que ese encuentro sea posible.

Si Rocío Molina se hace “discreta y disciplinada” al principio, se impone y fascina con el solo que le corresponde: una Siguiriya. Delicada, rara, redonda, desde el vestuario hasta la expresión de su cara, sin hablar de lo evidente de sus pies y de su estilo, despierta una curiosidad que va mucho más allá del arte. No le faltó nada, fue cautivante. Acordándose de las primeras bailaoras que inauguraron “Mujeres” en 97, podemos pensar que ese espectáculo está aureolado, anunciador de grandes carreras. El valor no espera el número de los años, y Rocío Molina, lo demuestra.

El espectáculo acaba con una Belén, reina del contraste, mezclando juventud y madurez, siempre alegre, con una Rocío de rayas y de castañuelas, reina de la extravagancia fascinante y con Merche, señora del mantón, Reina madre de todos. ¡Bonito, muy bonito!

Manuela Papino

Foto: Luis Castilla


DULCE ESTRELLA:

Estrella Morente y Dulce Pontes

En el auditorio Rocío Jurado, el 13 de Septiembre, entraron en el escenario unos músicos vestidos de blanco, rodeados por un humo malva, en las sombras azules de los focos…Se podría tratar de un concierto de rock.
Dos o tres notas se escuchan, se despiertan las cuerdas con tranquilidad…quizás se anuncie un concierto de música étnica. Dos sombras femeninas aparecen a lo lejos, y se arrodillan delante de una fuente, en el centro del escenario, donde flota una bola grande. Mientras Dulce Pontes hace cantar el agua, moviendo el velo blanco que le cubre la cabeza, Estrella, de rojo vestida, como un clavel andaluz, llena la música de su voz sensual.
El ambiente se anuncia mágico. Se mezclan las voces, los idiomas, los melismas, las culturas, los colores, las palabras y la complicidad, en una locura carismática. De Estrella Morente, nadie esperaba menos, ¡pero era sin contar con su alter ego portuguesa!

El repertorio iba del flamenco al fado, de canciones populares, de piezas propias...y mucho más. Con “Chiquilín” de Piazzola, “Los cuatro muleros” de Lorca, “Milho verde”, o a capela, las dos mujeres empezaron con una entrega total, que cautivó desde el primer instante a todo el auditorio. Estrella Morente se quedó sola para llevar la parte flamenca, cantando por fiesta, Tangos de Granada y Bulerías, acompañada por la magnifica guitarra gitana de José Carbonell “Montoyita”, entre otros. Luego le sucedió Dulce Pontes. La indiscutible voz de Portugal, luminosa, vibrante, potente y sutil, dio a conocer su estilo inconfundible, compartiendo una emoción y una personalidad muy sorprendente.

El escenario se llenó de nuevo con todos los músicos: dos guitarras flamencas, tres palmeros / coristas, dos percusiones flamencas, una guitarra eléctrica, un oboe, una percusión étnica, una guitarra portuguesa, una viola y un contrabajo. Estrella Morente apareció hermosísima, con un vestido fucsia y un mantón verde bordado, el pelo suelto, para cantar con una locura que iba creciendo, “Soy María, de Buenos Aires, la más bruja cantando y amando.” Dulce Pontes no dejaba de bailar y el momento fue de lo más divertido, con raza y arte. Se despidieron, por primera vez…con “Volver”, y el público de pie reclamó más todavía. Acabaron las despedidas con “Qué quieres de mi”…uno de los éxitos de la Estrella granadina. Éxito completo, después de más de dos horas y medio de espectáculo, las tres mil personas del Auditorio se fueron encantadas.

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla


“PASO PARA DOS”:

ROSARIO TOLEDO, ANA SALAZAR

Se dicen amigas del alma y lo demuestran en el escenario. El hilo conductor podría ser la carga emocional que cada una lleva, muy hábilmente coreografiado por Juan Carlos Lérida. En un mano a mano con Ana Salazar, artista completa sin duda, Rosario Toledo se atreve en un terreno arriesgado, donde el teatro lleva una parte fundamental. Con sencillez y exactitud, las dos amigas presentaron un espectáculo entretenido, punteado por unas sorpresitas divertidas. Rosario Toledo luce su gracia gaditana, su alegría y su frescura; Ana Salazar invade por su fuerte personalidad, e, ilustrando la letra de la copla que canta “todo es mentira, todo es quimera, todo es delirio de mi dolor”, propone sin embargo un momento muy auténtico que se disfruta mucho. Las dos artistas se complementan, desarrollando la estructura musical del compositor Guillermo McGill, que supo mezclar con talento la música flamenca con su propio color electro-jazz.

Fue sin duda, un momento especial para las dos bailaoras, muy emocionante, hasta tal punto que Rosario Toledo acabó llorando. Esperemos que este trabajo le dé confianza para seguir desarrollando la “travesura” y la alegría que tiene, y proponernos más momentos tan simpáticos como ése.

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla


PEPA MONTES Y RICARDO MIÑO

El día 15, el teatro Lope de Vega recibía con emoción a Pepa Montes y Miño (Ricardo padre y Pedro Ricardo hijo). Esperar a Pepa, era hacer el viaje desde Dos Hermanas, pasando por Los Palacios, Lebrija, Utrera, Triana, toda España y el mundo entero, para volver a una Bienal otra vez más con ella. Era también viajar por el tiempo, imaginar a esa niña bailando el cante de Juanito Valderrama, Marchena, Pepe Habichuela, Pastora Pavón, Antonio Mairena, La Perrata, La Paquera de Jeréz, Fernanda y Bernarda, Fosforito, y otros muchos más… Esperar a Pepa era soñar…

Un cuadro de pintura en una gran pantalla y un piano en la oscuridad. Se soñaba todavía con aquella época lejana de los tablaos antiguos, y con los que fueron también los compañeros de Pepa… Chiquetete y su prima Isabel Pantoja, la Tía Juana, Manuela Carrasco, Milagros Mengibar, Angelita Vargas,… y por supuesto Matilde Corral.

Fue un espectáculo de otra época, un verdadero tablao sevillano de antes, ahora desaparecido, donde, como lo dice ella, “entonces todavía iba al tablao la afición de Sevilla y los artistas de otras compañías”. De sus compañeros de “entonces”, ninguno en el escenario. El baile y el piano de Pedro Ricardo Miño propusieron un repertorio que casi ya no se encuentra, y por eso se agradece: Cañas, Garrotín, Cantiñas y Mirabrás. El elenco completado por unos jóvenes, no llegó a restituir el sabor de esos tiempos, ni la intención del homenaje (una Farruca a Gadés). Anunciaron a la prensa el argumento del espectáculo, un violín para representar al Duende, el nacimiento de una bailaora...y... no se entendía en absoluto. Tampoco se justificó el título “Flamenco universal”, fue al contrario, “muy local”, en tiempo y espacio.

Hoy día, Pepa Montes es una referencia entre las pocas bailaoras que representan la memoria del Flamenco. Desde el inicio de las Bienales de Sevilla, es una cita importante y esperada, y sigue emocionante verla bailar.

Manuela Papina para Flamencoweb.fr (“Todo en español »)

Foto: Luis Castilla


EL CAFÉ DE CHINITAS: BALLET NACIONAL DE ESPAÑA

Bienal de Sevilla, el 16 de Septiembre en la Maestranza

El mítico “Café de Chinitas” vuelve a los escenarios con el Ballet Nacional de España, bajo la dirección del coreógrafo y director José Antonio. Utilizando las ochos canciones populares de Federico García Lorca, propone, a través de una puesta en escena espectacular de la obra y la vida de Dalí, un espectáculo muy completo. Dividido en tres grandes temas, la Creatividad, el Sexo y la Muerte, representados por tres cuadros del pintor, se destaca el trabajo muy cuidadoso del vestuario y de una iluminación muy peculiar.

Mientras se escuchan ruidos de agua y de pájaros, empiezan a surgir los símbolos y obsesiones de Salvador Dalí: bailarines montadas en bicicletas cruzan el escenario, llevando sombreros en forma de pan. Se escucha una campana anunciando a Lorca. Un personaje hace de niño, con traje marinero y con un aro, simbolizando la relación de Dalí con las mujeres y el sexo: “Un trauma de su infancia que quisimos evocar”, dice José Antonio.

La “Nana del Galapaguito”, quizás unas de las escenas más bonitas del espectáculo, cantada con mucha delicadeza por Esperanza Fernández, presenta una coreografía con una mirada más contemporánea, que relata la dulzura de la infancia, puntuada por la evocación de la persecución, del encerramiento, y del trauma que supuestamente sufrió el pintor. Destacaremos también un momento muy divertido, “Las tres hojas”, dúo entre Esperanza Fernández al cante y José Antonio al baile, vestido de mujer, con plumas rojas y negras. Como único decorado, un sofá en forma de boca roja, delante de una pantalla proyectando los famosos ojos exorbitados de Dalí. Esa escena es un delicio de gracia que restituye perfectamente la ambigüedad sexual, lema recurrente del espectáculo, que se encuentra también en unos detalles, como en la bata de cola del personaje del Destino: por sus colores y corte, deja ver, a veces una falda, a veces un pantalón.

El trabajo de José Antonio y la presencia, discreta y firme a la vez, de Esperanza Fernández, presentaron al público una colaboración impresionante, demostrando que es posible salir de la tópica propuesta “lorquiana”, y abriendo para el Ballet Nacional de España un camino hacia la vanguardia.


“LO VAMOS A DEDICAR A EDU LOZANO”

“Lo vamos a dedicar a Edu Lozano”, declaró Andrés Peña que sustituyó en el último momento a Edu Lozano, herido en un accidente de moto. “A fuego lento” se estrenó en la última Bienal y no pensaba presentarse en esta edición. Tuvieron que cambiar el elenco en el último momento, sólo se quedaron David Lagos, Inma Rivero, Javier Patino y por supuesto Pilar Ogalla y Andrés Peña.

Disfrutamos una vez más del Martinete de Andrés Peña y de la “dinámica” gaditana y jerezana de los nuevos incorporados, que supieron animar un fin de fiesta muy agradable. Andrés Peña llevó la noche con su habitual “honestidad escénica”, lamentando el hecho de que Edu Lozano no estuviera en la Bienal”. “Así es la vida”…

Manuela Papino

Fotos: Luis Castilla


“EN EL BAR IBERIA”: PACO JARANA Y SEGUNDO FALCÓN

En el Teatro Central, el 17 de septiembre, asistimos a un encuentro muy esperado. El guitarrista Paco Jarana se acercó por primera vez al primer plano, bajo la luz de los focos. Reconocido por la profesión como uno de los mejores guitarristas del momento, llevó el protagonismo de la primera parte de la noche. Propuso una evocación de su propia carrera, mezclada con un homenaje a artistas muchas veces desconocidos, que frecuentaban el “Bar Iberia”, sitio obligado a partir de una cierta hora, donde el manager Pulpón les citaba antes de irse de gira. “Para nosotros, se queda como un punto de referencia” declaró Segundo Falcón.

Fue un privilegio escuchar a Paco Jarana, acompañado por sus compañeros: Manuel de la Luz, El Pájaro, Paco González, Los Mellis, y un cuarteto de cuerdas de gran calidad. Interpretó entre otros cantes, una Soleá, y una Siguiriya muy peculiar, con un tono inhabitual, homenaje a Luisito Franco que le llevaba al Lope de Vega, diciéndole “Un día te quiero ver aquí”.

Llegó Segundo Falcón, empezando la segunda parte con unos cantes de Triana, dedicados a Nicanor, el dueño del “Bar Iberia”. Homenajeando a su tierra y a varios artistas desaparecidos, “En los Gallos”, hizo referencia a la larga carrera “atrás” del cantaor, con una Liviana, pasando por una Malagueña muy bonita, hasta una Siguiriya, para terminar con una Toná. Acabaron el espectáculo con “El pregón del Pinto”, (Pepe Pinto), “unos de los más grandes que vivió en la sombra de su mujer" (La Niña de los Peines) declaró Segundo Falcón. Fue una noche muy emocionante para los que conocieron esa época, y un estreno ineludible para todos los aficionados a la guitarra flamenca.

Manuela Papino

Foto: Luis Castilla





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