"Flamenca’s Trío" - Teatro Fernán Gómez, Madrid (10/06/2018)

mercredi 13 juin 2018 par Mario Herrero

"Flamenca’s Trío" : Antonia Jimenez (composición y guitarra) / Naike Ponce (cante) / Nasrine Rahmani (percusión).

Flamenco Madrid, Teatro Fernán Nuñez, 10 de junio 2018.

¿Se imaginan este trío flamenco hace cincuenta o sesenta años ?

A la guitarra, Antonia Jiménez, procedente del Puerto de Santa María, Cádiz. Guitarrista versada en el acompañamiento al cante y al baile, pasá de tablaos y de compañías y de giras. En los últimos años, destaca su labor como guitarra solista de concierto.

Al cante, Naike Ponce, nacida en Sanlúcar de Barrameda, canta flamenco teñido de otros géneros musicales, con ese perfil de las que se afanan en experimentar (oh, cómo sabía que estudió en Cristina Heeren, ese perfil de cantaoras tan inquietas sale o se completa mucho allí), y con un look entre elegante y rastafari.

A la percusión, Nasrine Rahmani, australiana de madre mauritana y padre iraní. Considerada la percusionista más representativa de la escena flamenca. Al acabar el espectáculo saluda inclinándose como una señorita francesa del siglo XVIII, no sin cierta guasa.

¿Se lo imaginan hace sesenta años ?

Qué maravilla que hayamos alcanzado lo inimaginable.

Mujeres, extranjeras, modernas, jóvenes que visten raro y hablan con acento raro, que ponen acordes raros y hacen escalas raras, que hacen efectos de percusión con los platillos… no sé qué habría sido más escandaloso antaño. Y hay tantos nuevos músicos que encajan en este perfil, que vienen de fuera y pueden aprender flamenco, o que vienen de aquí pero quieren ampliarlo, porque está grabado, porque está escrito, porque hay gente que se ha dedicado a analizarlo y comprenderlo bien para poder transmitirlo… Y surgen cosas tan nuevas, tan diferentes, como la diversidad de las culturas y de la vida, tanto donde elegir y tanto por hacer…

Y, sin embargo, tampoco se sale tanto del tiesto. El flamenco que hace Antonia Jiménez es un flamenco que no rehúye lo tradicional. La manera de llevar el ritmo es actual (muy buen ritmo, lo dan los años de tablao), hay recursos de armonía y posiciones actuales, se nota el conocimiento, el buen gusto musical en sus melodías… Pero los palos se reconocen, los recursos suenan flamencos, la guitarra suena flamenca. Comienza con una taranta en la que hace muestra de un alzapúa poderoso y contundente, buenos matices, buenas ideas. La taranta la continúa por bulerías, el ritmo arpegiado en el seis por ocho, como se lleva ahora. Con melodía, con buen gusto.

Los palos son reconocibles. Apenas hay un par de cambios de afinación, y casi todos están en su tonalidad original. Y así y todo tienen aires personales, distintos. El Flamenca’s Trío sigue con una guajira que se convierte en tanguillo, con un buen juego de intervalos y cortes de ritmo muy interesantes, muy compenetradas, muy a gusto, Nasrine con ese aire a la percusión que le da tanta vida, y Naike con esos giros de la voz, Antonia de vez en cuando mira a la una o a la otra, se ve grupo, se ve compacto, empastado, trabajado.

Le sigue un cabal rapidito, de ritmo, también de baile. En general el concierto tiene mucho ese punto rítmico, aprovechando la percusión, aunque también interpretan una granaína que muestra de nuevo las posibilidades de la voz de Naike Ponce, y la intuición y recursos de Antonia acompañando al cante. Hay una soleá que es una soleá (y esto ya es mucho decir). Va también ligerita. Antonia Jiménez se maneja bien con los ritmos y con los arpegios, tiene fuerza y es precisa.

¿Hace falta que lo diga ? Sí, lo diré, porque, aunque es triste admitirlo, sigue haciendo falta que lo diga. Si uno cierra los ojos, no distingue si son hombres o mujeres. Evidentemente.

También hicieron unos tangos en los que Antonia jugó a acompañar sin dejar de hacer melodías con los propios acordes y sus notas adyacentes, quedando una sonoridad y una armonía muy completas, y con unos cierres que una vez más mostraron su buen sentido del ritmo.

De manera similar ocurrió con las alegrías y con unos romances en tono de rondeña. Destacó especialmente, y personalmente fue de lo que más me gustó, una mariana que cambiaba por momentos de ritmo de tango a bulería moderna, y que tenía (como varios de los giros de los cantes, las melodías y los efectos de la percusión) cierto toque oriental a momentos (esto de los tintes orientales nos gusta mucho decirlo a los críticos, queda muy bien y muy exótico, pero así fue, en algunos momentos y giros, no como algo sistemático sino en algunas pinceladas gratas al oído).

Después, un fin de fiesta por bulerías, con mucho carácter y con una Naike Ponce que se nota que es amante del baile y que se arrancó con gran arte a darse la pataíta de rigor como broche final.

En definitiva, el reto era difícil para Antonia Jiménez y el Flamenca’s Trío, en el máximo punto de mira. Ahora cada vez que sale una mujer guitarrista al escenario todos la tienen en el punto de mira, porque como se le ocurra tocar mal ya tienen a miles de personas diciendo “lo ves, es que programan a mujeres sólo porque son mujeres, y mira qué mal tocan”. Así que ahora ser mujer y tocaora tiene una doble responsabilidad, para con una misma y para con el conjunto de su género.

Así pues, Antonia Jiménez y su Flamenca’s Trío supieron estar a la altura de esa responsabilidad y profesionalidad.

Y eso se merece un ole mu grande, mu grande.

(Mario Herrero, 10 de junio de 2018)





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